jueves, 21 de diciembre de 2017

El Vaticano del buen vino

Hay visitas que son imprescindibles para los apasionados por una afición. Y si a casi todo escalador le encantaría verse en el Everest y para un buen surfero sería un regalazo un viaje a Hawaii, donde comenzó la pasión por las olas, todo amante del buen vino debería poder hacer una ruta de las que se saborean con tiempo por la riojana localidad de Haro. Allí hay mucho que ver y beber, pero se debe guardar todo un día para el Barrio de la Estación. Es un lugar mítico con más de 150 años de historia que se conoce como el templo de los vinos de Rioja. Un lugar que transmite ganas de vivir y beber...



Es allí donde llevan elaborando grandes vinos desde mitad del siglo XIX sin perder ni un ápice del mimo con el que se comenzó a producir para conservar su esencia y mantener su magia. A este barrio se le conoce como la milla del oro del vino de Rioja porque presenta la mayor concentración de bodegas centenarias del mundo, todas en torno a un eje común: la estación de ferrocarril.



El lugar es ejercicio de paisajismo. Construido en un entorno privilegiado, a orillas del río Ebro, varias grandes bodegas comenzaron a instalarse en sus alrededores hace ya siglo y medio. Hoy se reúnen allí siete de las mejores bodegas más reconocidas internacionalmente. Arquitectura, historia, literatura y arte se unifican en un urbanismo caótico y bello a la vez.

Visitarlas no es solo conocer el pasado del lugar que los bodegueros franceses eligieron para adquirir vinos con los que sustituir las malas cosechas que el oidium y la filoxera provocarían en sus viñedos en 1863 y 1867, instalando sus centros de exportación en los alrededores de la provisional estación de ferrocarril. Por encima de todo, es también dar un paseo por el presente de la cultura vinícola del vino de Rioja y jugar a adivinar por dónde irá el futuro.

Los 7 magníficos en la cuna del vino de La Rioja

Si en nuestra ruta seguimos el orden cronológico por el que fueron fundadas, la primera visita nos llevará a la bodega que en 1877 abrió sus puertas bajo el nombre de R. López de Heredia y Landeta. Dos años más tarde dos hermanos iniciaban su andadura en el Barrio de la Estación con la Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE), hoy en manos de la quinta generación; más tarde, en 1886, el Duque de Moctezuma fundaba la Bodega A. y J. Gómez Cruzado, en la que hoy se puede hacer un recorrido a través de la cata, de los paisajes de viñas viejas de Rioja Alta y Alavesa; cuatro años después, en 1890, cinco viticultores vascos y riojanos se instalan también en el Barrio de la Estación de Haro fundando La Rioja Alta S.A; y tras once años, con la llegada del nuevo siglo, abre sus puertas Bodegas Bilbaínas. Esa tradición se siente en las calles.



Estas cinco bodegas pasaron décadas como vecinas sin saber nada de otras dos bodegas que con el tiempo se convertirían en vecinas y competidoras. La primera en instalarse fue Muga, que aunque había sido fundada en 1932 no llegó al casco urbano de Haro, instalándose en el Barrio de la Estación en 1970.

Una década más tarde una nueva bodega, Roda, construía también en este enclave sus instalaciones, pasando a formar parte de la selecta milla de oro del vino de Rioja. Un viaje que resulta un auténtico placer para la vista, el olfato y el paladar y que todo buen amante del vino debería poder regalarse al menos una vez en la vida. Catar, comprar y estudiar es parte del juego... El vino es cultura, aunque algunos no lo quieren entender.


Pedro Madera

Fuente: Marca
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