lunes, 11 de diciembre de 2017

El caldo de la abuela, la última tendencia foodie

Va a ser que las abuelas tenían razón y que sus calditos servían para algo más que para calentar el cuerpo y abrazar el alma. O eso, al menos, aseguran los gurús que abanderan esta moda que nos llega de Londres y Nueva York

Bone.

Un caldito. Así, en diminutivo. Un caldito para entrar en calor, para recuperarte de la gripe, para reconciliarte con el mundo. Un caldito con sabor a abuela, a mesa camilla, a remedio antiguo, a niñez. Y, ahora, también para estar al cabo de la calle de las tendencias neoyorquinas y seguir los consejos de Gwyneth Paltrow o de cualquier otro gurú.

Sí, apetece en invierno.

Sí, resulta que una comida tan aparentemente viejuna como el caldo se ha hecho un hueco en el universo de los superalimentos y las celebs andan como locas a vueltas con los huesos y el puchero. Una de las claves del boom fue la publicación del libro 'Nourishing Broth' -El renacer del caldo- que sentó el runrún acerca de las bondades terapéuticas de este alimento: combate las alergias, acelera la recuperación, mitiga la inflamación y disipa la fatiga. ¿Será verdad? Louise Hay -tal vez la recuerdes por el celebérrimo 'Usted puede sanar su cuerpo'- así lo cree y se ha subido al carro escribiendo 'El secreto del caldo de huesos curativo', en el que nos habla de las propiedades saludables del caldo, "que van mucho más allá de lo que podamos imaginar. Los huesos representan la estructura del universo. Cuando sabemos que tenemos la razón, lo sentimos en los huesos".


El caldo, ahora, en envase cool.


Y de los gurús... a la calle, con losBBB o Bone Broth Bars (bares de caldo de huesos), que han comenzado a proliferar en Londres, Nueva York o Sidney. La idea es, para que te hagas una idea, locales de diseño hipster -madera clara, tonos crudos y tierra, pizarras con la carta del día-, acogedores y sostenibles, en los que se venden diferentes tipos de caldo (y se señalan sus propiedades curativas). Te lo puedes tomar allí, en sus encantadoras mesas corridas, o también te lo venden en vaso al modo Starbucks.

Moda, tendencia, remedio milagroso... o no: el entorno será diferente y más cool, pero el concepto no deja de ser el mismo que el del cartel que los padres de chavales futbolistas ven cada domingo de invierno en los más humildes bares de los más humildes clubes deportivos: 'Hay caldo caliente'.

MARÍA CORISCO

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