jueves, 9 de noviembre de 2017

La madurez del #VINO en Galicia

Me cuentan que la campaña vitivinícola de este año va a ser espectacular, no solo en cantidad, sino en calidad. La industria del vino en Galicia ha alcanzado, sin duda alguna, su madurez. Quedan atrás comportamientos y explotaciones desfasadas, obsoletas y carentes de propiedades específicas. Hoy en día, el sector está muy profesionalizado, conoce a la perfección sus fortalezas, y ha definido sus desafíos más urgentes, tanto en lo que hace referencia a sus productos como en lo que atañe a la definición de sus mercados. Con ello se puede decir que las apuestas llevadas a cabo tiempo atrás permiten mostrar en el presente un horizonte más despejado y más sostenible.

Foto: Faro de Vigo


La revitalización de las estaciones vinícolas, la puesta al día de las denominaciones de origen, el estudio más minucioso de las tierras y los viñedos, los desarrollos tecnológicos y la prospección de los mercados, han permitido alcanzar unas magnitudes de producción y rentabilidad apreciables. El sector contabiliza 16.000 viticultores; 450 bodegas y más de 25.000 hectáreas de cultivo.

Sin embargo, sigue siendo necesario no olvidar las bases de dicha recuperación y despegue. Nuestra revitalización se ha dado, inicialmente, por la apuesta de las uvas autóctonas y, posteriormente, por los desarrollos de los vinos de calidad. Es decir, el modelo gallego fue específico, armonizador y coherente. No se inclinó por unas acciones de producción masiva, por una extensificación incontrolada y por una falta de calidad del producto. Todo lo contrario, se afianzó sobre un modelo que tenía como primer objetivo la recuperación de lo nuestro en base a explotaciones sostenibles. De esta forma, desechamos lo foráneo y las mezclas sin sentido; y se venció al minifundismo. Al mismo tiempo, el propio desarrollo del sector ha permitido impulsar una nueva orientación comercial basada en tres elementos clave: la definición de los vinos (en principio jóvenes y para mercados inmediatos, actualmente puesto en cuestión); la canalización de fuertes inversiones en los ámbitos de la comercialización y el márketing (cada vez más intenso); y, finalmente, una apuesta por los mercados de exportación (ineludibles e imprescindibles).

Los ejemplos de empresas como Moure, en Ribeira Sacra; Casal de Armán y Vilerma, en el Ribeiro; Terras Gauda y Terras de Asorey, en Rías Baixas, son buenas muestras de comportamiento empresarial coherente con la estrategia de marca-país. Esta última bodega lo define de manera muy gráfica: el vino es la combinación de amor, de arte y de autenticidad.

Las estrategias vitivinícolas gallegas deberían subrayar tres estrategias. La primera consistiría en crecer a través del reforzamiento de las marcas en el mercado gallego. La segunda, proceder a ampliar su presencia en el exterior, combinando con otros productos. Y la tercera, consolidarse en el sector de la alimentación. Si a esto le unimos el potenciamiento del eno-turismo se podría afirmar que estamos ante una de las actividades económica-social-territorial con mayor proyección de Galicia.

FERNANDO GONZÁLEZ LAXE
EXPRESIDENTE DE LA XUNTA DE GALICIA

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