jueves, 9 de noviembre de 2017

El #VINO en rosa

Son vinos con el color de la vida. Precioso color el rosa... ¡O color piruleta intensa! para los que tienen mucha golosina en nariz. La paleta puede ampliarse: fresón brillante, sandía dulce, guinda, regaliz rojo. Son fáciles y gratos al paladar. Algunos incluso tienen un ligero aroma de 'fruta de pastelería' (quizá caramelos agridulces). Son golosos pero frescos… ¡y se sirven fríos! porque los rosados son de cubitera con hielo (siempre que la cubitera esté rauda). Destacan por su tanino ligero y su espléndido paso en boca: son los vinos rosados de Cigales. Vinos para abrir boca (con burbujas o sin ellas), para el aperitivo o para maridar con lo que sea... porque no son tan exigentes como sus majestades los tintos reserva.


La Historia nos cuenta que los cigaleños, orgullosos de su terruño vinícola, empezaron a elaborar vino en el siglo XVI -en Valladolid se servía en la Corte del rey Felipe III-, pero no fue hasta mediados del siglo XIX cuando orientaron en serio la labor de crear vino de calidad. Después llegó la filoxera... y pasó sin muchos desmanes. Resumiendo: en 1991 se creó la D.O. Cigales, para aumentar la producción, comercialización y exportación.

Sin embargo, los rosados (en general) han sido considerados durante años el hermano menor y 'poco agraciado' del tinto, lacra que le persigue todavía hoy en día. Por eso lo mejor es empaparse de rosado en la Ruta del Vino de Cigales, cuya zona de producción D.O. se sitúa en el municipio de Cigales, al norte de la ciudad de Valladolid, que engloba 12 municipios de la provincia más el municipio de Dueñas de la vecina provincia de Palencia.


La ruta constituye la auténtica sorpresa enoturística de Castilla y León. Junto al Canal de Castilla, obra de ingeniería hidráulica finalizada en el siglo XIX que antaño facilitara el transporte del trigo de Castilla hacia los puertos del norte de España, y que ahora sirve como ruta lúdica para actividades deportivas y culturales, se encuentran peculiares bodegas subterráneas con muchos secretos a descubrir. Todos los municipios tienen sus propias bodegas en perfecto estado de visita, pero donde mejor podemos conocer en qué consiste una bodega tradicional es en el museo de la Bodega-Aula de Interpretación de Mucientes (turismomucientes@gmail.com), donde se nos alecciona sobre sus elementos -cocedera, lagar, prensa de zarzos, viga de husillo, pila, tinos...- y su evolución histórica; que explica paso a paso la forma de elaboración del vino y cómo era la vida dentro de las bodegas.



Después de informados teóricamente en el museo, pasaremos a la parte práctica, es decir: a la cata del vino en las propias bodegas. De entre ellas destacamos la Finca MUSEUM (www.bodegasmuseum.com), que elabora su rosado VINEA con uva Tempranillo de viñas de 50 años; Bodegas Hijos de Félix Salas (www.bodegasfelixsalas.com), que va por la cuarta generación de productores de vino rosado y presume de su Viña PICOTA, un caldo sin barrica... ¡el más piruleta de todos los rosados!; en las Bodegas La Legua (www.lalegua.com), con uvas Tempranillo, Garnacha y Cabernet Sauvignon elaboran un rosado de gran persistencia... baste con decir su nombre: "Rosado de una noche"; en Bodegas Hiriart (www.bodegahiriart.es), durante 250 años produjeron vino 'clarete de mesa', pero en la actualidad su rosado Hiriart Élite es la élite de los rosados, elaborado con Tempranillo, Garnacha y Verdejo ¡explosión aromática en nariz!; y no olvidarse del Carredueñas Dolce, el primer vino dulce de la D.O Cigales, que producen las Bodegas de CONCEJO (www.concejohospederia.com), una bodega que además ofrece su Posada Real como alojamiento exclusivo, y ha sido elegido como mejor hotel por la Asociación Española de Ciudades del Vino "Por la singularidad de su edificio, la extraordinaria labor de rehabilitación y su apuesta por la gastronomía local y los vinos de la zona, ofreciendo múltiples opciones para disfrutar del enoturismo".


Entre bodega y bodega podemos también visitar los otros alicientes de la ruta: los castillos de Fuensaldaña y Trigueros del Valle; los monasterios de Santa María de Palazuelos y San Isidro de Dueñas; la iglesia de Cigales, llamada popularmente "la Catedral del Vino" por su peculiar historia: en 1535 empieza su construcción gracias a los pingües beneficios del negocio del vino... pero que terminó sufragando los gastos (en 1774) el obispo de Guadalajara (México)... un asunto raro-rarísimo de la época; las riberas del Pisuerga, los montes Torozos, el Cerrato.

Y también a tener en cuenta su gastronomía de siempre: lechazo, chuletones, morcilla, queso, miel de verdad y pan de verdad.

Así que en estos tiempos en los que vuelve a ponerse de moda el consumo de rosados o rosé (para los señoritos/as que solo beben champán francés) no viene mal recordar la historia, la tradición y el futuro de una comarca que da nombre a un vino: Cigales.

Más información:
Ruta del Vino Cigales: www.rutadelvinocigales.com -info@rutadelvinocigales.com

PEDRO GRIFOL

Fuente: El Economista
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