miércoles, 22 de noviembre de 2017

¿Cómo podemos elegir el croissant perfecto?

El croissant perfecto se ve desde lejos, huele a mantequilla y se distingue por diversos detalles. Aprende las claves.

Saber si un croissant es perfecto a simple vista nos puede ayudar a escoger bien la próxima vez que nos decantemos por uno u otro en una panadería o pastelería. Además, si eres un loco de los croissants estos trucos te ayudarán a hacerte todo un experto degustador.

El croissant perfecto debe tener el mismo tono desde el corazón hasta las puntas

En un primer momento solo podremos ver el croissant pero, así, ¿cómo sabremos cuál elegir? El croissant perfecto presenta un tono uniforme. Es decir, tanto el centro como los extremos deben tener el mismo color. Si las puntas están más oscuras no es una buena señal. Además, un buen croissant está perfectamente enrollado, por lo que tendrá grandes saltos entre una capa y otra.

En sentido, cuantas más vueltas tenga un croissant mejor. El croissant perfecto no estará hueco y cuantas más capas tenga, más contenido tendrá. Todo ello será más fácil de descubrir si no está recubierto de ninguna cobertura, por lo que nos es más fácil acertar si se apuesta por el formato tradicional.

Es probable que antes de tocarlo tengamos la oportunidad de olerlo, ya que en caso de estar expuestos su aroma debería saltarnos a la nariz. El croissant perfecto debe desprender un embriagador aroma a mantequilla y lácteos.

Encuentra el croissant perfecto por el tacto


Utilizados dos de los cuatro sentidos que nos ayudarán a identificar su calidad, llega el momento de tocarlo. El croissant perfecto es esponjoso, es decir, si se presiona ligeramente en el centro debe ceder y volver a su estado original.

Si se queda hundido es probable que se trate de un bollo pesado, mala señal. Precisamente, un croissant perfecto es aquel que resulta ligero. Para corroborar nuestras sospechas, el corte nos puede ayudar. Y es que si lo cortamos y nos encontramos con infinidad de huecos de similar tamaño, esto será una buena señal. El croissant perfecto presenta esta estructura interna aun cuando cuenta con muchas vueltas y ha sido concienzudamente enrollado.

Y eso debe ser así, tanto en su consistencia como en su sabor. Debe presentar un toque dulce pero sin llegar a empalagar. Las notas de sabor que debe percibir el paladar son la mantequilla y delicados toques a lácteo.

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