jueves, 23 de noviembre de 2017

Burdeos, la elegante ciudad del #VINO

Burdeos un ciudad renovada donde se elaboran algunos de los mejores vinos del mundo

Lo que en su día fueron viejos almacenes y oscuros muelles de Burdeos son ya sólo un vestigio, el vago recuerdo de las antiguas actividades portuarias de hace unas décadas. Hoy lucen resplandecientes y luminosos convertidos en amplios paseos junto al río. La orilla izquierda, engalanada y orgullosa de sus elegantes fachadas de mansiones neoclásicas y balcones de hierro se cubren de tejados de pizarra negra que se reflejan de modo limpio y nítido en la fina capa del Gran Espejo del Agua.



Stevenson, uno de los grandes escritores de viajes de todos los tiempos, decía que: El vino es poesía en botella. Burdeos es pues, un poema de rima asonante, de versos que se completan con etiquetas como: Lafitte-Rothschild, Latour-Martillac, o Petrus. Burdeos es tierra donde se cultivan placeres mundanos que potencian y agudizan los sentidos. Excelentes vinos, foies y quesos, ostras y pescados de la bahía de Archaron y corderos alimentados de forma natural en la campiña. Burdeos es una ciudad hecha para comer y beber.

Pasee desde la vieja y recia puerta de St Eloi que franqueaba el paso de los peregrinos en su camino a Santiago, al imponente campanario, Grosse Cloche, que ordenaba y marcaba el ritmo de la vida y los acontecimientos de la ciudad. Admire la sombra alargada que proyecta sobre los callejones adyacentes, mientras las agujas gemelas y esbeltas de la catedral de Saint André compiten con los 70 metros y 229 escalones de la torre del campanario, desde donde se ve la ciudad.

Burdeos se pasea por sus elegantes, señoriales y amplias plazas. La Bourse, adornada de mansiones de dimensiones palaciegas; o la plaza del parlamento, ocupada por restaurantes y cafés. En Quai des Marques los viejos almacenes renacen como exponentes del mejor urbanismo del siglo XXI. El mercado en Des Chartrons, los jardines de Quinconces, El Espejo del Agua junto al Garona, el gran teatro de estilo neo-clásico, de columnas corintias; dimensionan esta gran ciudad.

Recorra el barrio románico alrededor de la iglesia de la Santa Cruz, cerca de la estación, enclave de estudiantes. Desde la deslumbrante plaza de la comedia, donde se encuentra la opera puede ser el punto de partida para llegar almercado frente a la basílica de Saint Michael, o hasta elQuai des Chartrons, donde se saborea Burdeos.

Su marisco, el pescado y las fresquísimas ostras de Archaron con un chorro de limón, pan con mantequilla y un gran vino blanco son señas características de esta ciudad.

El Museo de Bellas Artes, del Palais Rohan exhibe una fabulosa colección de obras de la escuela flamenca, italiana, española y francesa del XIX; con Rubens, Tiziano, Matisse, Renoir o Lautrec. El profundo sabor a viejo almacén en el que se ubica el Museo de arte Contemporáneo se disfruta también desde la magnifica terraza del Café du Musee, un sitio privilegiado para tomar el brunch los domingos.

Para beber buenos vinos por copas, la mayoría a sólo dos euros, acuda al Bar du Vin.

Para comer: Le Chapon Fin, un restaurante con estrella Michelín desde hace décadas. En su interior diferente, elegante y sorprendente se puede disfrutar de un menú a mediodía a 27€. En La Tupina, se puede probar foies de las landas, pescado de Archaron, y delicioso cordero. Al otro lado del río,en La Cape, menús asequibles desde 26€ permiten darse un capricho y probar la cocina del joven chef Brasleret. En L'Air de famille, cerca de Quai des Chartrons, un sencillo restaurante pero de buena cocina de mercado a muy buenos precios.

Para dormir, el exquisito Le Grand Hotel.

DANIEL CAMIROAGA
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