lunes, 18 de julio de 2016

La clase de bebida que te quita el hambre consumiendo menos calorías

A la hora de sentirnos saciados, no solo importa la composición de lo que ingerimos, sino también su capacidad de hacer sentir que no necesitamos más comida

Si pudiésemos pedir un deseo en estos meses de verano, más allá de la paz en el mundo, la felicidad de nuestros seres queridos o la renta básica universal, quizá elegiríamos comer lo que quisiéramos y no engordar. Son meses de terracitas, solecito, piscinistas y otros diminutivos, en los que el esfuerzo realizado durante la operación bikini (operación Speedo para los hombres) se viene abajo. Los milagros, obviamente, no existen, pero lo que sí es posible es recurrir a ciertos alimentos saciantes que nos ayuden a comer menos.

"Me pone un batido contundente, por favor, que quiero perder el conocimiento". (iStock)



Lo hemos contado muchas veces, incluso en forma de lista. Hay determinados alimentos que tienen un gran poder saciante (a cambio del aporte de un reducido número de calorías) y que, por lo tanto, nos llenan e impiden que picoteemos entre horas, el gran peligro para mantener el sobrepeso a raya. Son comidas como el aguacate, las legumbres, encurtidos como los pepinillos el chucrut, los huevos, las manzanas o, simplemente el agua (¿ya se dan cuenta de por qué se suele decir que adelgaza? Pues sí, porque llena).

Bebidas como los refrescos azucarados proporcionan un gran número de calorías, pero a cambio no resultan particularmente saciantes


A la lista hay que añadir ahora otro más, como sugiere una nueva investigación publicada en 'The American Journal of Clinical Nutrition'. Se trata, básicamente, de las bebidas con un alto grado de viscosidad o, dicho de forma más apetecible, más espesas. Como señala la RAE –que muy científica no es, pero bien sirve para un apaño–, la viscosidad es “la propiedad de los fluidos que caracteriza su resistencia a fluir, debido al rozamiento entre sus moléculas”. Como añadimos nosotros, para entendernos, se trata de esas bebidas contundentes, como una taza de chocolate caliente o un batido de vainilla.

Cómo engañar al estómago


El grupo de investigadores holandeses lo tiene claro después de realizar un experimento con 15 hombres saludables de una media de 22 años de edad: no es la densidad energética de una bebida (la cantidad de energía acumulada en un sistema dado o en una región del espacio por unidad de volumen) sino su densidad lo que realmente influye a la hora de sentirse saciados. Es más, resulta mucho más decisivo que las calorías que contiene el producto consumido, por lo que podemos tomar bebidas que engorden menos y que, sin embargo, nos llenen más. Una situación de 'win win'.

¿Es hora de que el chocolate caliente vuelva a ser 'trendy'? No tan rápido. (iStock)

Al contrario de lo que se piensa, bebidas como los refrescos azucarados proporcionan un gran número de calorías, pero a cambio, no resultan particularmente saciantes. Los investigadores dan el nombre de “phantom fullness” (“saciación fantasma”) a este proceso por el cual las bebidas menos calóricas producen una mayor sensación de estar llenos que las que tienen más. Además, añade el estudio, las bebidas con un menor número de calorías tardaban menos en eliminarse del organismo.

Para realizar el experimento, los candidatos tomaron dos tipos diferentes de líquidos: o bien batidos de leche espesos de 100 calorías, o bien batidos de leche aguados de 500. En ambos casos, estaban compuestos por un 50% de carbohidratos, un 20% de proteína y un 30% de grasas. De todos ellos, el que proporcionaba a los participantes una mayor sensación de tener el estómago lleno 40 minutos después de ser consumido era el de menos calorías (¡cinco veces menos!), debido a su viscosidad. Los primeros reportaron una puntuación de 48, mientras que la del otro grupo era de 58. Así que nada, ¡a darle caña a ese batido que te está poniendo ojitos!

Mientras tanto, al otro lado del mar…


No es la única investigación que ha llegado a una conclusión semejante. Hace apenas cuatro años, la Universidad de Sussex afirmó que los alimentos más espesos o con una textura más cremosa tenían más éxito a la hora de eliminar el hambre de los que la comían, como recogió la revista 'Flavour'. “Las comidas bajas en calorías pueden ayudar a la gente a perder peso, pero a menudo está el problema de que la gente que las consume no se siente llena”, señalaba el estudio.

Las señales del estómago son importantes, pero también la sensación que la bebida produce en la boca

La solución era sencilla: bastaba (como si fuese poco) con alterar de manera sutil la textura y el sabor para señalar a nuestro cuerpo que la bebida, como un batido o incluso un yogur, nos va a quitar el hambre. En este caso, el elemento espesante añadido a las bebidas era resina de tara ('Caesalpini spinosa'), un árbol originario de Perú, que incrementaba la densidad, el espesor y cremosidad (en inglés suena mejor: “thickness, stickiness and creaminess').

Como ocurría en el experimento realizado al otro lado del Canal de la Mancha, las variantes espesas de la bebida eran percibidas como mucho más saciantes que las otras, aunque estas tuviesen más calorías. Como señalaba la directora de la investigación, la profesora de psicología Keri McCrickerd de la Universidad de Sussex –al fin y al cabo, estas percepciones tienen más que ver con el funcionamiento de nuestra mente que con la nutrición propiamente dicha–, “el hambre y la saciedad son asuntos complicados ya que no son solo las calorías de la comida lo que hacen que esta te llene”.

La resina de tara o 'Caesalpini spinosa' era el espesante elegido por la Universidad de Sussex. (CC)

“Las señales del estómago son importantes, pero también lo es cómo la bebida se siente en la boca”, explicaba la investigadora. Aunque las tres cualidades (densidad, espesor y cremosidad) terminaban influyendo en la sensación experimentada por los individuos, estos tan solo pensaban que el espesor determinaba el hambre que iban a sentir, ya que es una característica que asociamos con sentirnos llenos. Nuestras expectativas, conformadas en parte culturalmente, también son importantes; de ahí animan al consumo no solo de alimentos bajos en calorías, sino más bien de comidas que encajen en aquello que consideramos que nos va a llenar. Nuestra mente hará el resto.

HÉCTOR G. BARNÉS

Fuente: El Confidencial
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