martes, 12 de enero de 2016

Hay alternativas a corto plazo al desabastecimiento creciente que padecen los venezolanos

Empresarios del sector alimentario ya han hecho propuestas concretas al Gobierno de Maduro con las que aseguran que en 120 días se puede aumentar la producción interna un 25%.
Como en la prehistoria, los venezolanos, por obra y gracia del Socialismo del siglo XXI, se ven en la obligación de dedicar una buena parte de su tiempo la búsqueda de alimentos. Para ello se ven en la necesidad de jalarse interminables colas durante una buena parte del día y también por la noche, para en muchos casos no conseguir lo que buscaban por la feroz competencia de los revendedores que aquí ahora se llaman bachaqueros.


Este desolador panorama en uno de los países con más recursos naturales del mundo, el Gobierno de Nicolás Maduro se lo imputa a la «guerra económica» algo que no se cree ni la gran mayoría de sus fervientes seguidores. Tampoco es consecuencia de la drástica caída de los precios del petróleo que solo es responsable de haber sacado a la luz la desastrosa gestión económica que padece el país desde hace 17 años.

Otros como Vicente Brito, ex presidente de Fedecámaras, la principal organización empresarial de Venezuela, conformada por empresarios de todos los sectores económicos del país, apunta que el desabastecimiento es la principal consecuencia de la drástica caída de la producción agrícola y ganadera interna, provocada por la ?guerra contra el latifundio? decretada por Chávez hace más de una década, concretamente el 10 de enero de 2005, con el propósito teórico de acelerar la reforma agraria.

8,2 millones de hectáreas expropiadas


Según Vicente Brito, que actualmente preside la Red por la Defensa al Trabajo, La Prioridad y la Constitución, la Gran Misión Agro Venezuela, decretada por Chávez en enero de 2011 fue dotada con 200.000 millones de bolívares de los entonces, tenía como objetivo producir el 90% de los alimentos que se consumen en el país, se quedó a años luz de esos teóricos objetivos, a pesar de que entre los años 2001 y el 2013 se confiscaron 8,2 millones de hectáreas de tierras, la mayoría de las cuales antes estaban en producción y hoy están abandonadas o semiabandonadas y sus antiguos propietarios no vieron ni un bolívar.

Estimular la producción interna


La propuesta concreta que acaba de lanzar Vicente Brito para paliar el actual desabastecimiento de alimentos básicos que padece el país, pasa por estimular la producción interna de los mismos «permitiendo que los precios de estos productos hagan rentable la actividad y que serán más bajos que los que pagamos actualmente en el mercado internacional o en la reventa».

Se refiere en concreto a ocho productos: la carne de vacuno, pollos, cerdos, leche, arroz, maíz, café y azúcar.

Sobre la carne de vacuno señala que «a pesar de las complejidades que soportan los productores, tales como inseguridad, invasiones, falta de insumos, etcétera, aún queda un rebaño de más de 10 millones de cabezas, que si se le otorgan los incentivos necesarios a nuestros ganaderos, pueden alcanzar a producir la casi totalidad de la carne que se consume en el país». Precisa que para ello se requiere revisar el estado actual de las explotaciones afectadas por las expropiaciones del Instituto Nacional de Tierras (INTI) que, cuando estaban en manos privadas llegaron a producir hasta un 20% del consumo nacional.

En cuanto a los pollos apunta Brito que Venezuela dispone de una infraestructura pública y privada con capacidad para cubrir el consumo nacional. «Para ello ?precisa- se requiere hacer esta actividad rentable, lograr que la producción de alimentos para las aves sea suficiente, así como medicinas y otros insumos indispensables». Añade que la misma estrategia funcionaría para el aumento de la producción de huevos. «Las empresas avícolas en manos del Gobierno tienen capacidad para producir más de la mitad del consumo nacional, así lo hicieron cuando eran privadas».


Sobre la carne de cerdo apunta que, portavoces del gremio porcino han manifestado tener la capacidad de cubrir el consumo nacional y han insistido en sostener la rentabilidad de esta actividad. Solicitan los insumos necesarios para sostener e incrementar la producción.

De la leche indica que la caída de producción a menos de la mitad de hace 10 años es preocupante y que «las políticas públicas aplicadas son las razones de la disminución dramática de este alimento básico para nuestros niños y jóvenes». Dice que se puede incrementar su producción haciéndola rentable y obtener los insumos necesarios para lograr mayores metas. Recuerda que buena parte de las plantas procesadoras de leche son públicas.

En cuanto al maíz, uno de los alimentos básicos del venezolano, dice que se pueden y deben sembrar más de un millón de hectáreas para cubrir el consumo nacional. Considera necesaria una revisión de precios y prioritario el tener los fertilizantes, agroquímicos y demás insumos en existencias para el próximo ciclo de inviern, lo cual es vital. Advierte que las tierras tomadas y ocupadas por el INTI donde se producía antes buena parte del maíz, «están desmejoradas y con poca producción, por lo que se requiere evaluar su situa

Del arroz dice que «tenemos las condiciones para cubrir el consumo nacional, creando estímulos que faciliten producir al menos 250.000 hectáreas de este producto prioritario para nuestra alimentación». Añade que «los precios regulados por debajo de su costo de producción y falta de insumos han sido las limitantes para producir más números de hectáreas y cubrir el consumo nacional».

Sobre el café señala que, políticas públicas llevaron a minimizar este cultivo, obligando a importar casi 800.000 sacos en el 2014 para cubrir el consumo nacional. «Urge revisar las decisiones que llevaron a reducir la producción y crear políticas de estímulo que faciliten su recuperación». Una vez má, recuerda que buena parte de las haciendas tomadas por el INTI, han caído en su producción a mínimas cantidades y se observan deterioros en las plantaciones de café.

Por último, del azúcar, otro alimento básico para los Venezolanos, indica que la caída de la producción nacional, obligó a importar 700.000 toneladas en el 2014. Apunta que, «existe una infraestructura de tierras para la siembra y centrales azucareros que con revisión de laspolíticas públicas responsables de la caída de esta actividad, pueden lograr su recuperación en el corto plazo. Las tierras donde se producía la mitad de la caña de azúcar del país, tomadas por el INTI, hoy producen muy poco, así como más de la mitad de los centrales azucareros son públicos y solo producen alrededor del 30% de la azúcar que no se importa».

Concluye su propuesta diciendo que «está en manos del gobierno revisar las decisiones tomadas y tomar los correctivos necesarios para que en el corto plazo, tengamos aumento de la producción nacional de este grupo básico de alimentos para los venezolanos y así disminuir los altos y crecientes niveles de escasez que afectan las necesidades de consumo de las familias».

Las demandas de la industria


Por su parte, Manuel Felipe Larrazábal, presidente de la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea), organismo que agrupa a 170 empresas privadas, en una reciente entrevista concedida al portal digital venezolano Prodavinci, concretaba las demandas de esta organización empresarial para empezar a resolver el problema del desabastecimiento: que se le asignen 3.000 millones de dólares al año para importar las materias primas y que se atienda la deuda con los proveedores en el exterior; acabar con los precios regulados para permitir un margen de rentabilidad razonable; incentivar la producción nacional en vez de importar productos terminados y hacer que se cumpla la Ley del Trabajo para impulsar la productividad laboral.

Según Larrazabal, si el Gobierno cumple con estas solicitudes, en 120 días podrían comenzar a producir 25% más de lo que se está produciendo en este momento.

En Venezuela se consumen aproximadamente un millón de toneladas de alimentos mensuales. Y, de ese millón de toneladas, entre 300 y 400 mil toneladas son productos frescos, como tomate, lechuga, pollo, carne. El resto, las otras 600 mil toneladas, son alimentos procesados que produce Cabildea. Ese aumento de 25% se traduciría entonces en 120 mil toneladas extra de alimentos cada mes: cuatro kilos más por persona. Eso cambiaría estructuralmente la sensación de escasez de la gente, sin duda. Las propuestas ya están en la mesa del Gobierno.

JULIO Á. FARIÑAS

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