El Gourmet Urbano: Anabella Barrios (@psicocina): ¿Qué nos deja para la vida el sacrificio del cocinero?

lunes, 20 de junio de 2011

Anabella Barrios (@psicocina): ¿Qué nos deja para la vida el sacrificio del cocinero?

 

¡Mis queridos amigos! ¿Cómo están?
 
¿De qué nos sirve el sacrifico de un cocinero? ¿Hasta dónde sacrificarnos en la vida y hasta dónde no? Algo de lo que me han dejado mis pasantías en Mokambo-Caffe es de lo que vamos hablar hoy.
 
Hoy me acerco a ustedes con estas líneas para compartir otra arista de psi-cocina, la punta que podemos sacarle a la experiencia en la cocina para la vida. La cocina ofrece experiencias de vida a las que se les puede sacar el jugo, y hay una en particular que ha llamado mi atención en esta temporada en la que he estado haciendo mis pasantías en Mokambo Caffe-Mercado. En estos días ha resultado evidente el sacrificio, la dedicación que la cocina profesional requiere y que el cocinero día tras día le entrega. ¿Hasta dónde han de llegar los sacrificios, el esfuerzo en nuestra vida?, ¿Cuál es el precio justo de nuestro trabajo?, ¿Cómo se paga y sentimos pagado nuestro esfuerzo? Son preguntas entre las cuales me he paseado y hoy comparto con ustedes.
 
Como lo he comentado antes, amo a los cocineros, han tocado mi sensibilidad en lo vasto y ancho de su intensidad para hacerme sentir placer; a ellos les agradezco y de ellos aprendo. Ver, vivir el sacrificio, el esfuerzo y casi sufrimiento que implica hacerse un buen cocinero es impresionante. Comparto mi horario de trabajo habitual con mis horas de pasantías. Tengo días en los que le dedico al restaurant 8 horas, y días en los que solo 4, como mencioné; pero lo más curioso de todo es que, aún cuando no obtengo ningún tipo de remuneración económica por ellas, no sólo me siento feliz haciéndolas sino agradecida por la oportunidad, a pesar de lo muy cansada que me pueda sentir al día siguiente. ¿Cómo es posible algo así y qué podemos hacer?, una psicóloga cocinera piensa en ello. Veámoslo y utilicémoslo para la vida.
Les cuento que llegué algo asustada el primer día de pasantías, me recibió el chef a cargo y me puso bajo la tutela de alguien que para mí era un joven, pero en instantes, él y el resto del equipo comenzó a cobrar nombre, rostro, sonrisas… pronto, muy pronto sentí que todos eran aptos para ser psi-cocineros. Con una gentileza, generosidad y paciencia sin igual me ofrecieron sus conocimientos (no siempre es así en la cocina profesional), algo que aportó una sensación de complicidad en la labor, esa sensación en la que poco a poco se van develando los secretos. Uno siente que forma parte de algo, que se hace capaz de lograr algo y eso se contagia para la vida, y en este sentido obtenemos un pago afectivo a nuestro esfuerzo.
 
Igualmente, cuando estamos entre personas que han desempeñado o desempeñan la labor que estamos ejecutando, nos sentimos comprendidos en el esfuerzo a la valoración y reconocimiento de nuestro ser y quehacer; y por otra parte la percepción de una escalera, quizá jerarquía, en la que podemos ir ascendiendo, metas que podamos ir alcanzando y esa sensación también es un aporte afectivo a nuestro existir.
 
¿Pero hasta dónde?... porque no sólo de aire o amor vive el hombre, también necesitamos que se bata el cobre, necesitamos pagar los servicios básicos, comer y vivir. La necesidad es una realidad, y en momentos estamos en un trabajo o actividad con la que nos sentimos mal pagados. ¿Qué hacer? El momento en el que sentimos indignación, es porque estamos hablando de una situación extremo en la que han o hemos traspasado nuestros límites. Es el momento en el que ineludiblemente debemos detenernos, poner un parado, ajustar nuestra dirección en el timón, porque la indignación deviene de la sensación de que nuestros valores esenciales como seres humanos han sido pisados o transgredidos.
 
En situaciones como la descrita tomemos aquello que tenemos en este momento y veamos más allá, veamos lo que deseamos, veamos si lo que tenemos, lo que estamos haciendo en ese momento nos lleva a lo que deseamos en la vida. Si es así estamos en camino, y entonces estamos bien.
 
¿Pero qué hacemos con nuestra necesidad?, ¿Hasta dónde llevamos el sacrificio? Sacrifiquemos, estemos en un sitio por necesidad, si y solo si, es un paso que nos conduce a lo que deseamos y bajémonos en la estación (como en el metro) para hacer la trasferencia apropiada en el momento apropiado.
 
Sarna con gusto no pica, y nos gusta. Cuando aprendemos, cuando sentimos que comprenden y valoran la magnitud de nuestro esfuerzo, cuando podemos trabajar en equipo, cuando podemos ofrecerle algo al otro y a éste le llega y le gusta. El esfuerzo, el sacrificio en nuestra vida debe llegar a todas aquellas actividades y personas que nos llevan a sentir que nos conducen a donde deseamos llegar en la vida. Habremos traspasado el límite del sacrificio si nos sentimos indignados haciéndolo, ahí será hora de poner un parado, usar la asertividad y girar el timón drásticamente.
 
¡Los quiero!
 
Hasta la próxima
 
Anabella Barrios Matthies
Psicóloga de profesión – pastelera de corazón – cocinera en acción



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